Síguenos


Manuel Paz, abuelo educador: “Si haces pensar a los niños, te sorprenden y te enseñan”

Share on linkedin
Share on twitter
Share on facebook
Share on whatsapp
Share on email

Manuel Paz Pérez, de 71 años, es uno de los abuelos que participa en el proyecto de Abuelos y Abuelas Educadores, concretamente en los grupos de Cruz Roja en Vigo. Y debido a la pandemia tuvo que actualizarse para poder seguir participando por lo que pidió ayuda a su nieto Daniel, que lo ayudó a instalarse el programa Teams para seguir conectado de manera virtual.

 

Manuel ha tenido una larga trayectoria laboral: desde vender puerta a puerta, pasando por carretillero o  responsable de producción con personas a su cargo hasta impartir formación para otros trabajadores. Ahora está jubilado y en su tiempo libre le gusta componer, tiene su propio invernadero y también hace pequeños papeles en películas para mantenerse entretenido. Además, es voluntario de Cruz Roja en el transporte adaptado.

 

Es padre de cuatro hijos, tres mujeres seguidas y un hombre, y hace cuatro años se quedó viudo y comenzó su andadura más solidaria, así nos relata su aportación familiar: “Soy un poco el comodín cuando alguno de mis hijos necesita que me quedé con los nietos”. “Hace poco estuve casi una semana entera con 5 nietos de 2 a 11 años en mi casa de Bouzas. Pasaron todas las tardes conmigo, dos de ellos todo el día e incluso durmieron alguna noche”, continúa.

 

No le da miedo esa responsabilidad, más bien al contrario como nos indica en sus respuestas. “¿A mí? A mí no me asusta la responsabilidad, me da vida. Hace cinco años éramos 4 personas en casa: mi mujer, mi suegro, mi hijo y yo, y en cuestión de dos años se murió mi mujer, se murió mi suegro y mi hijo se fue, entonces…“. Su vida ha dado un giro. “Lo voy llevando como todo. Una página más… Me compré una guitarra, me compré un teclado, tengo un invernadero y participé en varios cortos y películas. Me entretiene y no me cuesta nada”, comenta.

 

Camina varios kilómetros para ir a buscar a sus nietos desde Bouzas a Vigo, los ayuda a hacer los deberes y con sus actividades diarias cuando sus padres no pueden. “Echo una mano a mis hijas cuando no los pueden atender por tema de horarios. A veces los llevo al colegio, los recojo, comen conmigo, los llevo a alguna actividad, les ayudo con los deberes y todo eso”, explica.

 

A Manuel le hubiera gustado estar más presente en la vida de sus hijos, pero debido a su trabajo y a las normas de la época no pudo, por lo que ahora está intentando dedicar todo el tiempo posible a sus nietos y aprender cada día observando sus reacciones y su forma de analizar el mundo. Es un gran conocedor de su prole por el tiempo que le dedica a observarlos. Cuenta que está ayudando a uno de sus nietos a tener más control de sus reacciones y a ser más alegre y divertido y que a otra de sus nietas la anima a expresar sus opiniones y a marcar su terreno porque nota que le falta un pequeño empujoncito por su timidez.

 

Manuel entró en contacto con Cruz Roja como voluntario del centro de día y recuerda que esa etapa le producía mucha satisfacción y le recargaba las pilas ayudar a otras personas intentando que sus días fuesen mejores. Y posteriormente fue cuando se apuntó a la Escuela de Abuelos Educadores, donde comparte experiencias y consejos con otros participantes que, según nos dice, le ayudan a contrastar opiniones y reforzar su particular visión de la infancia, etapa a la que cree que no prestamos demasiada atención y tampoco se suele enseñar a los niños a resolver problemas por sí mismos, a pensar y ser más críticos.

 

Del programa de Abuelos Educadores opina que “ayuda a mantenerse al día, uno tiene una tendencia a dejarse ir. Llega un momento que uno va a lo cómodo, entonces de esta manera te motivas para estar un poco más al día. Siempre se aprende algo.”

 

Este abuelo está presente en la educación de sus nietos y contribuye a fortalecer sus personalidades. Tiene una teoría sobre cómo hacer pensar a sus nietos que resume así: “Yo tengo un punto de vista sobre los niños, creo que a veces los infravaloramos. Si les haces pensar, te sorprenden, te enseñan y ves que tienen una máquina funcionando ahí que discurre mucho más que tú. Es tremendo. Por otra parte, están deseando que les marques limites, están buscando su sitio, que tú le digas sí y no, están buscando tu aprobación o tu rechazo. Y lo agradecen muchísimo y responden a eso. Yo te digo, yo vivo mucho más la experiencia que ellos, o sea saco mucho más solo con verlos”.

Share on linkedin
Share on twitter
Share on facebook
Share on whatsapp
Share on email