Síguenos


Lucía Rey: “La clave está en ver la muerte como un proceso natural y es muy importante que la persona que está en ese trance acabe en paz”

Compartir en linkedin
Compartir en twitter
Compartir en facebook
Compartir en whatsapp
Compartir en email

Cruz Roja A Coruña colabora con la Fundación La Caixa en el Programa para la Atención Integral a personas con enfermedades avanzadas que, en el año 2020, atendió a más de 800 personas, entre pacientes y familiares, ofreciéndoles un apoyo en aspectos emocionales, sociales y espirituales. Junto al equipo de atención psicosocial, que desempeña su labor tanto en el ámbito hospitalario como en el domiciliario y en sede, estos resultados han sido posibles gracias a la colaboración de voluntarios y voluntarias que complementan el equipo de A Coruña.

 

Lucía Rey, coruñesa de 51 años, es una de esas personas que da respuesta a las necesidades sociales de las personas enfermas y sus familiares. Hoy hablamos con ella para que nos cuente su experiencia como voluntaria.

 

¿Por qué decides hacerte voluntaria de Cruz Roja?

 

El voluntariado es algo que siempre me ha llamado la atención. Creo que mi idea va en línea con poder aportar algo a la sociedad porque a mí ésta me ha dado mucho. Hay personas que son menos privilegiadas que yo y me gusta apoyarlas. En este sentido, llegué a Cruz Roja hace ahora nueve años en una época de mi vida en la que necesitaba echar una mano de alguna manera. Contacté con esta Organización porque siempre me ha parecido muy cercana. Me gustan sus principios y creía que efectivamente podría aportar algo.

 

¿Cómo llegas al Programa para la Atención Integral de personas con enfermedades avanzadas?

 

En un primer momento empecé en el proyecto de Ayuda a Domicilio Complementaria con personas mayores, en el que aún sigo. Sin embargo, cuando el programa de Atención Integral de personas con enfermedades avanzadas se puso en marcha me animé a participar. Reconozco que es un proyecto duro pero lo cierto es que mientras estaba de voluntaria en el otro la persona a la que hacía compañía falleció. Fue un golpe duro, pero me sentí muy bien por saber que estuve apoyándola y acompañándola en los últimos meses, así que pensé que esto no podía ser muy diferente. Me parece que es una situación en la vida en la que estamos especialmente vulnerables a la hora de la proximidad de la muerte, pero al mismo tiempo es un proceso biológico y no me asusta.

 

¿En qué consiste tu labor voluntaria dentro de este proyecto?

 

En mi caso yo colaboro un par de horas a la semana y lo que hago simplemente es acompañar a la persona y escuchar. A veces hablan de su vida y es muy enriquecedor. Aprendes mucho y llegas a quererlos también. En general creo que, como persona enferma, cuando compartes estos momentos con alguien ajeno a tu familia puede ser bueno porque en muchas ocasiones hablar de lo que te pasa con personas cercanas es más difícil ya que tienen una implicación emocional mucho más grande. Cuando me comentan sus miedos, sus temores o sus inquietudes me doy cuenta de la conveniencia de que haya personas ajenas al núcleo familiar que se impliquen en el día a día de esa persona.

 

¿Y con los familiares?

 

Sí, efectivamente, también realizamos apoyo y atención a las familias. Por ejemplo, actualmente acompaño a una persona que está viviendo un proceso de duelo. En estos casos quedamos con ella y realmente hacemos lo mismo que cuando acompañamos a una enferma. La idea es tratar de acompañarla en el proceso hasta que se encuentre mejor y ya no nos necesite.

 

¿Cómo es el recibimiento?

 

En general es muy bueno. La verdad es que todas las experiencias han sido muy gratificantes: te reciben muy bien, están deseando hablar y compartir contigo. Además, en el caso de los familiares, en muchas ocasiones están sobrecargados así que agradecen tu presencia para poder descansar o hacer gestiones sabiendo que sus familiares no están solos.

 

¿Y la relación con las técnicas del proyecto?

 

Las psicólogas del proyecto hacen visitas regulares a los pacientes pero de una forma más técnica que nosotros porque tienen una formación mucho más amplia. La verdad es que es una relación muy buena porque están disponibles en todo momento para cualquier consulta.

 

¿Cómo ha sido tu labor como voluntaria del proyecto desde que comenzó la pandemia?

 

Desde marzo del año pasado, con el confinamiento, los acompañamientos que estaba haciendo a domicilio se cancelaron. A partir de entonces y hasta que se pudieron reanudar las visitas presenciales, los contactos con los usuarios del programa fueron telefónicos.

 

¿Qué ha sido lo más difícil?

 

Por supuesto esto añadió dificultad a las interacciones personales ya que, a mi entender, gran parte de la comunicación es no verbal. Suelo estar muy atenta a las expresiones faciales y corporales de la gente con la que me relaciono en general y más todavía en este proyecto. Es muy importante para mí ya que me aporta mucha información sobre el estado de ánimo del otro y me da indicaciones acerca de qué es lo que puede necesitar en ese momento. También los silencios, que muchas veces forman parte de la “conversación”, se hacen más difíciles a través del teléfono, pues no te puedes ayudar de miradas o gestos para hacerle saber al otro que estás ahí. Y el contacto físico. Una caricia, un abrazo, pueden ayudar más que cualquier palabra a la hora de transmitir el cariño y el apoyo incondicional que quieres mostrarle a la persona que está sufriendo. En este sentido todo nos ha resultado más difícil, tanto a las personas a las que he intentado seguir acompañando en estas circunstancias, como a mí. Sigo pensando que, como sujetos sociales que somos, necesitamos el contacto físico estrecho con otros seres humanos, pues nos aporta bienestar emocional y nos hace saber que no estamos solos. Sin embargo, si ha habido algo positivo en toda esta situación, es quizá el saber que, ni aún en las peores circunstancias de aislamiento impuesto por la pandemia, hemos dejado de tener contacto de alguna manera gracias a Cruz Roja. A mí, desde luego, me ha hecho darle más valor, si cabe, a la entereza y la valentía con las que las personas a las que tengo el privilegio de acompañar han enfrentado toda esta situación.

 

¿Qué te aporta un voluntariado de este tipo?

 

Lo cierto es que he vivido momentos duros pero todo compensa. Hay situaciones en las que te sientes impotente porque te gustaría ayudarles más, lo que pasa es que al final aceptas el desenlace que se va a producir y mientras tanto intentas aprovechar lo máximo posible los ratos que estás con esa persona y que ella también aproveche el tiempo que le queda. Creo que la clave está en ver la muerte como un proceso natural, que es una etapa más en la vida, y es muy importante que la persona que está en ese trance acabe en paz. Yo espero que cuando a mí me llegue el momento tenga esa serenidad y esa paz que he visto en muchos de ellos. Además, me aporta amistad porque al final acabas conociendo a esas personas y las llegas a querer, me aporta satisfacción por saber que estoy aportando un poco a su bienestar y, por supuesto, mucho aprendizaje.

 

¿Recomendarías hacer voluntariado?

 

Creo que vivimos en sociedad, siendo seres sociales, y que uno de los principios básicos es la cooperación entre nosotros. Avanzamos como sociedad gracias a ella así que creo que hacer voluntariado es una forma de cooperar socialmente con las personas y aportar un poco. He descubierto que se aprende mucho de las otras personas, es muy gratificante y te hace sentirte bien contigo mismo. Ya sé que hay gente que no tiene tiempo pero en el día a día siempre puedes estar ayudando a la gente de alguna forma porque llegará un momento en el que nosotros seamos los que necesitemos apoyo y nos va a gustar estar acompañados también.

Compartir en linkedin
Compartir en twitter
Compartir en facebook
Compartir en whatsapp
Compartir en email