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Alexandra, participante del programa de Empoderamiento a mujeres: “No permitas que el dolor te deforme, sino que te transforme”

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Alexandra Ramírez es una madre coraje, con una difícil historia detrás y de la que después de muchos años ha conseguido escapar. Ha participado en el programa de “Empoderamiento a mujeres en riesgo de exclusión social” de Cruz Roja en Pontevedra y con motivo de la celebración del Día Internacional de las Mujeres ha decidido contarnos su historia.

 

El 8 de marzo es una fecha para la reflexión, por todo lo que las mujeres han logrado a lo largo de los años, pero también de análisis y reivindicación por todo lo que aún queda por avanzar en la sociedad para lograr una igualdad real. Desde Cruz Roja llevamos a cabo varios programas destinados al empoderamiento y a la independencia de las mujeres en riesgo de vulnerabilidad, como itinerarios específicos de empleo, entre otros; al tiempo que se sensibiliza a la población sobre estos problemas.

 

Alexandra logró romper, no sin esfuerzo y ayuda, los lazos que la ataban a una relación en la que estaba totalmente sumisa y controlada. Su historia comienza en su país de origen, en Colombia, donde durante 17 años sufrió violencia de género. “Debido a la cultura de allí no te puedes separar. ¡Hasta está mal visto que te vean sola por la calle! La mujer es sumisa y no puedes ni hablar. Y una por los hijos hace lo que sea”, explica Alexandra. “Pero un día no aguanté más y decidí denunciarlo. Lo malo es que la manipulación por parte del maltratador es tan grande que te hace sentir culpable de lo que has hecho, te promete que todo va a ir bien, y al final acabé retirando la denuncia por los niños.

 

Como Alexandra, son cientos las mujeres que viven cada día sumergidas en una relación sumisa, con la esperanza, e incluso ilusión, de que las cosas cambiarán. “Te golpean y te sientes tú culpable porque piensas que has hecho las cosas mal. Entonces piensas que está bien que te insulten, que te griten…”, sentencia Alexandra.

 

Después de retirar la denuncia, la situación de Alexandra no mejoró y finalmente, el padre de sus hijos acabó abandonado a la familia. “En ese momento me sentí muy vulnerable. No tenía ni para comer”. Fue en ese momento cuando se planteó venir a España. “Entonces conocí a un hombre, y en una situación tan vulnerable tienes la perspectiva de que te van a querer y que te van a cuidar. Ahora me doy cuenta de que en esos momentos no te quieres ni a ti misma. Solo mendigas amor”, reflexiona.

 

“Al mes de estar viviendo con esta persona comenzaron los gritos, los insultos, los maltratos… pero tú sola, en un sitio donde no conoces a nadie ¿qué haces? No te queda otra que aguantar. Estaba al lado de esa persona por un techo, por un plato de comida. No sabía a quién pedir ayuda, porque con quien más trato tenía era con su círculo cercano. Yo lo ayudaba con su trabajo, hacía todo lo que me mandaba, pero para él eso no era suficiente. Hasta nos echaba en cara que comíamos mucho. Estaba frustrada, abrumada, te pasan tantas cosas por la cabeza…”.

 

Una vecina fue el comienzo de su salvación. “Ella notó que yo no estaba bien. Que me tenía dominada. Se ofreció a darme un empleo, a contratarme unas horas para que la ayudara en las tareas del hogar. Y también me animó a que me hiciera distribuidora de una serie de productos, en la que ella ya participaba. Poco a poco empecé a pasar más tiempo con esta chica y me animé a pedir ayuda a Servicios Sociales del Ayuntamiento. Me asesoraron muy bien y me dieron apoyo psicológico, pero yo aún pensaba que debía aguantar, que aún le debía algo. Hasta que un día llegué llorando y me animaron a denunciar. Me daba miedo por si no me creían, pero finalmente así lo hice. Después del último maltrato, cogí a mi hijo pequeño (en ese momento su hijo mayor estaba en Colombia) y escapé. Había conseguido un empleo como limpiadora, así que hasta que encontré un piso, mi amiga me acogió a mí y a mi hijo en su casa”.

 

A partir de ese momento, tuvo la oportunidad de empezar una nueva vida, y fue cuando conoció los programas de la Cruz Roja. “Pude solicitar la tarjeta básica de la Xunta de Galicia y realizar los talleres de los programas de Mujer y de Parentalidad positiva”, explica.

 

El programa “Empoderamiento a mujeres en situación de dificultad social”, financiado por la Xunta de Galicia, está dirigido a mujeres que presentan alguna dificultad social, es decir, con escasas redes sociales de apoyo, solas con hijos a cargo, inmigrantes o refugiadas, víctimas de violencia de género o en otras circunstancias que puedan dejarlas en una situación de vulnerabilidad. Por otra parte, este programa también beneficia a la población en general mediante las actividades de sensibilización que se desarrollan en el entorno comunitario y que favorecen el respeto y la tolerancia, elementos clave para la lucha contra la violencia de género y las distintas formas de desigualdad entre hombres y mujeres. En el caso de Alexandra la ayudó emocionalmente, a superar todo ese dolor y a hacerse independiente, además de a hacer nuevas amistades.

 

“Desde hace 7 meses mi vida ha cambiado radicalmente. De ser una persona humillada, sumisa, maltratada y con muchos miedos a ser una persona independiente. Me di cuenta de que sí puedo, que ya no estoy sola. Ahora tengo mis ingresos y ya no tengo que dar cuenta a nadie. Además, ahora tengo la tranquilidad de ver a mi hijo bien. Es un niño tímido y durante mucho tiempo se sintió muy vacío y solo”.

 

Alexandra quiso contar su historia con el fin de ayudar a otras mujeres, de lanzar un mensaje de optimismo y de esperanza. “Pedid ayuda”. Termina su relato con esta reflexión: “No permitas que el dolor te deforme, sino que te transforme”.

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